27 y 28 de mayo de 2026 en La Farga de L’Hospitalet

Josep de Martí, Fundador de Inforesidencias.com y miembro del Comité científico de CUIDA

 “El sector ha alcanzado madurez, pero necesitaba un espacio para contrastar y aprender conjuntamente y ese espacio es CUIDA”

Josep de Martí es una de las voces más sólidas y respetadas en el ámbito de la atención a las personas mayores. Su mirada transversal, que integra gestión, atención e innovación, lo sitúa como una figura de referencia en el debate sobre el presente y el futuro del sistema de cuidados. Por ello, su aportación como miembro del Comité Científico de CUIDA es fundamental.

Y es que De Martí cuenta con una trayectoria de más de tres décadas dedicadas a la gerontología y a los servicios sociales. Licenciado en Derecho, Máster en Gerontología Social y en Derecho Público y Organización Administrativa, forma parte del Grupo de Investigación en Envejecimiento de la Universidad de Barcelona y de la Sociedad Catalano-Balear de Geriatría y Gerontología.

Pero es, sin duda, su papel como fundador de Inforesidencias.com el que le otorga también una visión y una experiencia clave a la hora de contribuir a definir los contenidos y las líneas estratégicas de CUIDA.

Dentro de unas semanas, el recinto ferial de La Farga de l’Hospitalet acogerá la 1ª edición de CUIDA… ¿Por qué cree que no se había celebrado antes un evento como este? ¿Por qué nace precisamente en este momento?

Diría que no se había hecho antes porque, en el fondo, el sector no estaba preparado para hacerlo con sentido. No tanto por falta de interés, sino porque todavía estaba en una fase de construcción: definiendo modelos, profesionalizando equipos, poniendo orden en muchas cosas que antes se hacían más por intuición que por sistema.

Ahora la situación es diferente. El sector ha alcanzado un grado de madurez suficiente como para mirarse a sí mismo con cierta perspectiva. La realidad de la atención a las personas mayores es muy diversa: tipos de centros, servicios domiciliarios, modelos de gestión, perfiles profesionales y, en paralelo, se ha generado mucho conocimiento: en organización, en intervención, en tecnología, en ética.

Lo que quizá faltaba era un espacio donde todo eso se encontrara. No solo para explicarlo, sino para contrastarlo. Porque una cosa es acumular experiencias y otra ponerlas en común y ver qué podemos aprender como sector.

En este sentido, un foro que aglutine este conocimiento y estas experiencias no es solo oportuno, diría que ya es necesario. Sobre todo si queremos pasar de tener muchas buenas prácticas dispersas a construir criterio compartido.

¿Cuáles han sido los criterios clave del Comité a la hora de diseñar el programa?

La tentación en estos casos es hacer un programa muy brillante… y poco útil. Hablar de grandes conceptos, modelos ideales alejados de la realidad.

Mi impresión es que se ha intentado evitar eso. Poner temas que tienen traducción directa en el día a día: cómo se gestiona un equipo con falta de personal, cómo se convive con una inspección exigente, cómo se toman decisiones difíciles con familias, o qué significa realmente aplicar la atención centrada en la persona cuando tienes 80 residentes y dos bajas en el equipo.

¿Qué cree que puede aportar CUIDA al sector y a sus profesionales?

Diría que CUIDA puede aportar sobre todo un punto de encuentro real. Y eso, que parece algo menor, no lo es en absoluto en un sector como este.

Estamos acostumbrados a hablar desde posiciones muy diferentes: administración, gestores, profesionales asistenciales, familias; que a veces no solo son diferentes sino directamente contrapuestas. Cada uno con su parte de razón, con sus condicionantes y también con sus sesgos.

En este sentido, me gusta pensar en CUIDA como una especie de foro romano. Un espacio donde se encuentran realidades diversas que, a pesar de todo, tienen mucho en común. Donde se pueden contrastar miradas sin necesidad de estar de acuerdo en todo, pero con la obligación de escucharse.

De toda la programación, ¿qué destacaría?

Más que una ponencia concreta, destacaría aquellas sesiones donde se baje al detalle. Cuando alguien explica cómo resuelve un problema concreto: un conflicto con una familia, una inspección complicada o cómo se organiza un turno con escasez de personal. Porque es ahí donde se ve si el modelo funciona o no. Los conceptos aguantan bien en PowerPoint; la realidad es algo más tozuda.

Dicho esto, también me llaman especialmente la atención aquellas experiencias que salen del guion más habitual. Modelos diferentes, como residencias que funcionan sin cocina propia o sin lavandería, que obligan a repensar cosas que dábamos por hechas.

Y después hay dos espacios que me parecen especialmente interesantes porque no son tan habituales en congresos de este tipo: la presentación de libros y una mesa sobre espiritualidad. El primero porque ayuda a ordenar ideas y generar discurso con algo más de profundidad; el segundo porque apunta a una dimensión del cuidado que a menudo queda fuera del foco, pero que acaba apareciendo en el día a día de los centros, aunque no siempre sepamos cómo abordarla.

También participará en diversas actividades, entre ellas, la presentación de su libro En la residencia las Marismas…, donde analiza casos prácticos para la dirección de residencias. Sobre su libro, si tuviera que elegir un caso, ¿cuál sería?

Probablemente destacaría un caso en el que una residente con deterioro cognitivo moderado quiere comer lo que le apetece (dulces, sobre todo), mientras el equipo tiene claro que, desde un punto de vista clínico, eso no es lo mejor para ella. La familia, por su parte, está dividida: unos quieren priorizar la salud, otros la felicidad inmediata.

No es un caso excepcional, al contrario. Es bastante representativo de lo que ocurre cada día en muchas residencias.

Lo que me interesa de este caso no es tanto la decisión final, que puede variar, sino el proceso. Cómo se construye el criterio, quién participa, cómo se gestiona el desacuerdo y, sobre todo, cómo se explica después. Porque ahí es donde a menudo se juega la confianza.

Y también destacaría el caso del balneario. Una situación aparentemente positiva —estar en un entorno agradable, protegido, con todo resuelto— que acaba generando una reflexión incómoda: ¿qué pasa cuando la persona no puede salir de ese entorno? ¿Dónde queda su capacidad real de elegir?

En el libro hay varios casos así, que no tienen una solución perfecta. Y quizá esa es la idea de fondo: dirigir una residencia no es tanto aplicar protocolos como tomar decisiones razonables en situaciones donde todos los valores importantes entran en tensión.

De las otras intervenciones, ¿cuál cree que generará más debate o es más urgente para el sector?

Las que tratan sobre la relación entre administraciones, prestadores de servicios y receptores de estas prestaciones. Cuando hablamos de financiación, inspecciones y relaciones con la sanidad pública, el debate está garantizado.

Otra de las ponencias en las que participa es: «Sociosanitario sin filtros: las preguntas que no se hacen en voz alta». ¿Cuáles son esas preguntas?

Llevamos años hablando de un espacio sociosanitario, media estancia o atención intermedia. Pero cuando los conceptos y programas llegan al día a día de los prestadores de servicios surgen preguntas y dilemas difíciles de resolver. Preguntas como cuál es el papel del médico/a de una residencia o qué oficina de farmacia debe suministrar medicamentos a personas ingresadas.

¿Cómo puede ayudar CUIDA a resolver estos retos?

No los resolverá. Y tampoco creo que ese sea su papel. Lo que sí puede hacer es ordenar el debate y, sobre todo, hacerlo más honesto. Pasar del titular a entender qué hay detrás. El hecho de que las preguntas se planteen en voz alta será un primer paso en el camino hacia la solución.

Si tuviera que convencer a un profesional del sector que aún no se ha decidido a venir, ¿qué le diría?

Le diría que venga si quiere salir con más preguntas de las que tenía. Puede parecer poco atractivo, pero en un sector donde a menudo se simplifica demasiado o se juzga desde fuera con mucha facilidad, tener un espacio donde se reconozca la complejidad ya es bastante valioso.

Un elemento más de convencimiento puede ser animarle a encontrarse con compañeros de sector y profesión en un entorno que fomenta el diálogo y el conocimiento de iniciativas novedosas e innovadoras.

¿Y con qué mensajes le gustaría que se fueran los asistentes?

Con tres ideas, quizá. Una sería que el sector ha cambiado mucho y ha mejorado mucho, pero no es perfecto. También, que muchas de las tensiones actuales no son errores puntuales, sino límites estructurales. Y finalmente, que hay mucha innovación en el sector y que en la exposición comercial se podrá ver buena parte de esa innovación.