27 y 28 de mayo de 2026 en La Farga de L’Hospitalet

Marc Trepat Carbonell, miembro del Comité Científico de CUIDA y director de B\TA Arquitectura 

“Necesitamos espacios como CUIDA donde compartir conocimiento, generar debate y alinear visiones”

Marc Trepat Carbonell ha escrito una página en la historia de la arquitectura social en nuestro país, una página dedicada al diseño de espacios para la atención y el bienestar de las personas mayores. Nacido en Barcelona en 1962, y socio director de B\TA Arquitectura (Batllori & Trepat Arquitectos), Trepat es todo un referente, por haber introducido y consolidado de forma pionera en España un modelo de diseño de residencias inspiradas en los criterios vanguardistas de los países de Europa del norte. Su apuesta: diseñar unidades de convivencia reducidas y centradas en la persona; y transformar espacios asistenciales tradicionales en entornos más humanos, familiares y adaptados a las necesidades reales de los residentes. 

Pero además de la arquitectura, la música ha sido fiel compañera de viaje en su vida: durante 46 años tocó el trombón en la orquesta de jazz La Locomotora Negra, desaparecida en 2022. Una sensibilidad musical que, sin duda, también ha sabido transmitir en los más de 20 proyectos arquitectónicos que llevan su sello. Residencias con soluciones que buscan evitar estímulos negativos, favorecer la autonomía y replicar la sensación de “vivir en casa” pero dentro de un entorno asistido. Entre sus trabajos se encuentran proyectos tan emblemáticos como la “Residència Barcelona Unitats de Convivència”, ubicada en Sant Adrià del Besòs; o “La Sínia”, en Calafell, ambas concebidas bajo este nuevo modelo. Trepat, además, es un profesional comprometido con la reflexión y la difusión de nuevas prácticas en arquitectura social, y lo vemos habitualmente en entrevistas, charlas, coloquios, seminarios y escribiendo en publicaciones especializadas. De hecho, es todo un orgullo para CUIDA 2026 contar con él como miembro del Comité Científico, por lo que su visión pionera llegará también al certamen los días 27 y 28 de mayo.

Sr. Trepat, ¿qué función desarrolla el Comité Científico en CUIDA 2026 y cuál es su papel como miembro de dicho comité?

El Comité Científico de CUIDA tiene la responsabilidad de aportar rigor, criterio y visión estratégica al contenido del congreso. Su función es ayudar a garantizar que los temas que se aborden sean relevantes, actuales y realmente útiles para el sector.

En mi caso, mi aportación se centra especialmente en el ámbito de la arquitectura y el diseño de nuevos modelos de residencias, desde la perspectiva de la atención centrada en la persona. Mi objetivo es contribuir a que el debate no solo sea asistencial, sino también espacial, porque el entorno donde vivimos influye directamente en la calidad de vida.

¿Por qué cree que era necesaria una feria como CUIDA en estos momentos? 

Muy sencillo: porque el sector está viviendo un momento de transformación profunda.

El envejecimiento de la población nos obliga a repensar los modelos asistenciales, los espacios y la forma en que colaboran los distintos profesionales. Necesitamos lugares donde compartir conocimiento, generar debate y alinear visiones. CUIDA nace en el momento adecuado, porque el reto no es futuro: es presente. 

¿Qué piensa que puede aportar CUIDA al sector? 

CUIDA puede aportar algo esencial: visión compartida. Como decía antes, el sector necesita espacios donde profesionales, empresas e instituciones se encuentren, dialoguen y alineen criterios en un momento de gran transformación. Si consigue generar debate de calidad y colaboración real, su impacto será muy positivo para el sector.

¿Cómo le gustaría que fuera el balance del certamen en esta primera edición? 

Me gustaría que esta primera edición terminara con una sensación clara: que el sector está avanzando. Que haya generado conversaciones útiles, conexiones reales y, sobre todo, una reflexión compartida sobre hacia dónde queremos ir. Si al finalizar sentimos que hemos dado un paso adelante en calidad, colaboración y visión de futuro, el balance será muy positivo.

Hablemos ahora sobre su carrera como arquitecto especializado en residencias de mayores que, de hecho, ha sido pionera en España. ¿Cuándo y qué le motivó a especializarte en este ámbito?

Entre los años 1993 y 1997 estuve trabajando en el departamento de Bienestar Social de la Generalitat de Catalunya, debido a la crisis post olímpica y entré en contacto con el sector. Si bien es cierto que entré en contacto con la parte administrativa, es decir, normativas de autorización, visitas de inspección, aquella experiencia me permitió conocer el sector desde dentro. Posteriormente, durante la crisis de 2008-2014, decidí que debería especializarme si quería crecer como arquitecto. A partir de aquí todo fue rodado: empecé a investigar cómo deberían ser las residencias para que la atención centrada en la persona se pudiera aplicar de la forma más efectiva y de ahí, el resto de la historia. 

Al principio de este camino, viajó mucho para ver qué se hacía en otros países… Y acabó por inspirándose en el modelo de los países nórdicos ¿Qué fue lo que realmente vio allí que era envidiable?

He realizado ocho viajes para ver residencias en el mundo, concretamente he ido a los cuatro países nórdicos, Alemania, Londres, EE.UU. y Japón. Pero he de reconocer que el primer viaje fue suficiente para entender lo que necesitaba saber. Me impresionó enormemente ver residencias que no tenían nada que ver con lo que tenemos en España: unidades entre 9 y 14 personas, espacios comunes tremendamente pequeños y muy domésticos, ausencia de cocinas y lavanderías industriales, ausencia de espacios de socialización de varias unidades de convivencia. Es decir, cada unidad era totalmente estanca, sin relación con las otras unidades que formaban la residencia. Algo absolutamente imposible para nuestro país.

Por ello dice que no se pueden copiar modelos arquitectónicos de países tan diferentes al nuestro. ¿Qué fue, entonces, lo que pudo adaptar a nuestra realidad?

Efectivamente, este modelo no se puede copiar, fundamentalmente porque ni tenemos su economía ni su cultura. Somos mediterráneos. Mi trabajo de investigación pasaba por encontrar aquello que hacía a esas residencias mejores: ¡las unidades de convivencia!! Es decir, pequeñas residencias dentro de una residencia. Lo que realmente hace que las unidades de convivencia sean la mejor metodología arquitectónica para atender a personas mayores con dependencia es crear unidades donde se eliminen por completo los diferentes estímulos negativos que se generan cuando se convive con muchas personas. Siempre defendemos que el diseño debe responder a los casos más vulnerables. Las personas con deterioro cognitivo no siempre comprenden lo que sucede a su alrededor y, en muchas ocasiones, han perdido la capacidad de expresar lo que sienten. Esta situación puede desencadenar episodios de estrés, angustia o irritabilidad, que incrementan la complejidad del cuidado y generan una elevada carga emocional para los y las gerocultores/as.

¿Cómo puede mejorar la salud de las personas mayores la arquitectura? 

La arquitectura es fundamental para mejorar la salud de las personas. Para mí, la arquitectura es la disciplina que se encarga de crear los entornos de las personas con el objetivo de mejorar su calidad de vida. En el contexto actual de cambio climático, estamos obligados a proyectar una arquitectura energéticamente sostenible que, por sí misma, ya contribuye a mejorar la salud y el bienestar de las personas. Sin embargo, cuando diseñamos para personas mayores en situación de dependencia, debemos ir un paso más allá. No se trata solo de reducir consumos o emisiones, sino de comprender en profundidad sus necesidades —y también sus capacidades—. El reto es crear espacios que favorezcan la autonomía posible, refuercen la identidad personal y ayuden a mantener un sentido de vida. La organización en pequeños grupos de convivencia ha demostrado facilitar la socialización significativa y proporcionar un entorno de apoyo que contribuye a preservar capacidades y a mantener, en la medida de lo posible, los objetivos vitales de cada persona.  

¿Qué diferencias tiene que haber entre un espacio o una residencia concebida para personas con demencia respecto a otro tipo de residencias?

No creo que deba tener muchas diferencias. Como he comentado antes, si seguimos con el criterio de diseñar para los extremos, en una residencia por unidades de convivencia relativamente pequeñas puede haber unidades para cada tipo de persona, fijándonos en sus capacidades y criterios de vida. No obstante, es cierto que para personas mayores válidas es mejor vivir en viviendas individuales con servicios pensados para sus necesidades y con espacios de socialización que les permitan cumplir sus anhelos en la vida.

Muchos profesionales del sector hablan de “vivir en casa, no solo estar atendido”. Desde tu experiencia, ¿qué elementos arquitectónicos hacen posible esa sensación de hogar?

Espacios lo más domésticos posible. Dimensionados para poder ser entendidos fácilmente por las personas. Una de las características que perseguimos con las unidades pequeñas es que las personas puedan encontrar aquello que buscan con facilidad. También el hecho de convivir con menos personas ayuda al sentido de pertenencia y mejora la autoestima. No debemos conseguir que vivan como en casa, han de poder vivir en casa. Esa unidad debe ser percibida como “su” casa.

La pandemia cambió profundamente cómo concebimos los espacios de convivencia.  ¿Qué retos y oportunidades crees que planteó el COVID-19 para la arquitectura de residencias y, qué ha quedado de aquellas lecciones aprendidas?

En esa época nosotros ya llevábamos varios años explicando las mejoras que suponía para la atención a personas mayores con dependencia el modelo de las unidades de convivencia. Conseguimos que alguien nos creyera antes de la pandemia con lo que ya estábamos construyendo residencias con ese modelo, pero el sector era bastante reacio por qué no se creía que podría ser viable. Tuvimos que idear una solución arquitectónica que generar confianza en los operadores y lo logramos. La pandemia no hizo más que acelerar esa confianza. Ahora ya nadie discute el modelo. No obstante y respondiendo directamente a la pregunta, con la pandemia aprendimos muchas cosas relacionadas fundamentalmente en crear estrategias para proteger los edificios de la entrada de virus contagiosos. Por hacer una enumeración rápida:

  • Hall de entrada donde poder hacer pruebas a los visitantes previamente a la entrada dentro de la residencia.
  • Accesos de los trabajadores directamente a vestuarios para que se puedan proteger antes de entrar en contacto con residentes.
  • Acceso de proveedores independiente mediante una zona amarilla en la que hacer la recogida de los materiales antes de entrar en la residencia
  • Centros de día con acceso directo desde la calle para mantener su actividad en caso de pandemia
  • Accesos a salas de visita o al despacho del trabajador social directos desde la calle.

Hoy se habla mucho de soledad no deseada y de envejecimiento activo. ¿Qué papel cree que tiene el diseño físico de un edificio para fomentar relaciones, comunidad y sentido de pertenencia?

La solución es crear viviendas con servicios a precios asequibles para que todas las personas que puedan estar en situación de soledad no deseada puedan acceder, disponer de servicios ajustados a sus necesidades y poder relacionarse con otras personas, sean más jóvenes o no mediante la creación de espacios comunes. Es lo que conocemos como senior living. Esta misma solución se está empezando a crear mediante la construcción de viviendas colaborativas con cesión de suelo por parte de la administración o por compra particular. Es lo que conocemos como el cohousing, un modelo creado en Dinamarca en los años 70. La dificultad del cohousing es poner de acuerdo a diferentes personas que no se conocen previamente y los costes tanto económicos como de tiempo para la tramitación de los permisos para la construcción. Pero desde el punto de vista de fomentar las relaciones y ralentizar la dependencia, no hay duda de que es el modelo, sea en fórmula cohousing como de senior living.

Desde su experiencia, ¿cómo deben integrarse las residencias dentro de la ciudad y la comunidad para evitar el aislamiento y promover interacción intergeneracional?

No es fácil conseguirlo. La teoría es que los espacios comunes que no existen en las residencias nórdicas y que en nuestra cultura mediterránea son necesarios sean elementos de conexión con el barrio. Ya hay residencias en las que hay un bar-restaurante donde personas ajenas a la residencia pueden relacionarse con los residentes. Esto sería extrapolable a la sala de fisioterapia, que podría servir para personas del barrio o del pueblo.

Si pudiera dar solo un consejo a un operador o gerente de residencias ¿Qué le diría?

Lo hago constantemente. Si han de construir una residencia nueva que la diseñen por unidades de convivencia. Si ya tienen una residencia existente, que intenten crear espacios diferenciados donde poder tratar a diferentes grupos para fomentar y facilitar su socialización. El problema es que muchas residencias no pueden adaptarse a este modelo sin perder capacidad y eso es complicado. No obstante he de reconocer que estoy haciendo estas adaptaciones en algunas residencias con una reducción entre el 10% y 15% de su capacidad

Mirando hacia el futuro, ¿cómo imaginas el “hábitat senior ideal” dentro de diez o veinte años? Dicho de otra manera, si tuviera que ser usuario, ¿cuál sería tu residencia ideal?

Pregunta muy complicada. Actualmente, estamos delante del tsunami que representa mi generación del baby boom en relación al envejecimiento, por lo que necesitamos muchas plazas de residencia asistida. No obstante, creo que el senior living, sea autopromocionada o mediante gestión promotora privada o pública, tenderá a aumentar por los cambios sociales que presentan las familias. De aquí a 10 años todavía creo que estamos igual. De aquí 20, se me hace más difícil hacer una previsión, pero creo firmemente que los diferentes modelos que actualmente estamos empezando a crear y otros que se nos ocurrirán serán necesarios para atender a las personas. Personalmente, creo que los espacios comunes compartidos de forma intergeneracional pueden ser un objetivo de trabajo para esa época que planteas.

Además de creador de espacios, también es “creador”, “intérprete musical”. ¿Qué paralelismos encuentra entre interpretar música y diseñar espacios?

El diseño de un edificio es muy parecido a la composición musical. Puedes partir de la melodía (la forma arquitectónica, aquello que se percibe) y después pensar en la armonía que la sustenta (la estructura arquitectónica). Es bastante habitual partir del volumen o la distribución antes de fijar la estructura, casi igual que en la composición musical.

La música evoca emociones, memoria y conexión social. Como arquitecto, ¿cómo integra estos conceptos emocionales —presentes en la música— en sus proyectos de residencias?

Pues de la misma manera. La arquitectura trata de conceptos como el contraste, la simetría que da confort, la asimetría que crea tensión, la luz, las formas. La música tiene muchas veces estos mismos elementos que se aplican cuando quieres explicar cosas. En el jazz, música que practico y conozco mejor, cuando improvisamos sobre un tema, aunque no quieras, lo que haces es explicar un estado de ánimo. Dentro del jazz existe el blues, que es una estructura muy sencilla de 12 compases compuesta por solo 3 acordes y variantes en algunos casos. Pero esos 12 compases te permiten expresar multitud de sentimientos, diría que todos: enfado, felicidad, amor, nostalgia, alegría, sensualidad etc.

Finalmente, para acabar, ¿qué tema musical es el que más le inspira cuando está ideando y diseñando residencias para personas mayores?  

Sinceramente no escucho música cuando estoy trabajando en un proyecto. No me lo puedo permitir porque no soy capaz de hacer las dos cosas a la vez. Hace muchos años, antes de la existencia de los ordenadores, pasábamos muchas horas dibujando a tinta los planos que previamente habíamos dibujado perfectamente a lápiz. Entonces sí que me permitía el lujo de escuchar música mientras trabajaba. Pero actualmente, me es imposible. Ahora bien, el músico que creo que es más arquitectónico de todos, por su originalidad y su capacidad casi infinita de creación es Duke Ellington.