27 y 28 de mayo de 2026 en La Farga de L’Hospitalet

José Luis Buenache, CEO de la Asociación Siena y miembro del Comité Científico de CUIDA

“El sistema de cuidados debería ser más flexible, mucho más personalizado y más centrado en la persona y en sus necesidades”

El Comité Científico de CUIDA cuenta con expertos y profesionales de larga trayectoria en el sector de los cuidados, como José Luis Buenache, CEO y cofundador de la Asociación SIENA (Servicios Integrales para el Envejecimiento Activo), formador y consultor en el tercer sector, especialmente en el ámbito de la atención y el sector asistencial. 

Buenache fue coordinador territorial de la Fundación Amigos de los Mayores, director de desarrollo corporativo de la Fundación Sociosanitaria de Manresa (actualmente Sant Andreu Salut), responsable institucional y de alianzas de la asociación Pueblos que Cuidan, miembro del equipo de la Cátedra de Cuidados Paliativos de la Uvic-UCC, docente del CFGM de Atención a Personas en Situación de Dependencia y del CFGS Integración Social, y colaborador pro bono en la entidad En bici sin Edad.

Actualmente colabora con distintas entidades como la Fundación Mémora, Unió Consorci Formació y CeSeA (Cuidados Sanitarios Asistenciales), la Federación de Servicios Sanitarios y Sociosanitarios de CCOO o ACRA entre otras. Le gusta definirse como “socialnetworker y seniorfriendly”, unos rasgos y una trayectoria que está ayudando a definir las líneas y el programa de la primera edición de CUIDA.

José Luis, ¿en qué sentido, y concretando con ejemplos, está ayudando su experiencia para la definición de CUIDA?

Mi trayectoria profesional me ha permitido conocer a muchas personas referentes en el sector que no siempre aparecen en los programas y que merecen ser más escuchadas. También el hecho de dedicarme a la formación con distintas entidades me ha aportado una visión de muchas instituciones cuidadoras “desde dentro”, poder conectar y empatizar con grandísimas profesionales del cuidado y ver de primera mano la realidad que a menudo no es conocida por la población en general. Concretando, con ejemplos, he propuesto actividades y ponentes relacionadas con la soledad en las instituciones, también otras relacionadas con la salud y el bienestar de las personas cuidadoras, y alguna otra que nos gustaría que aportase aire fresco como podrían ser actividades más informales al finalizar la programación diaria.

¿Qué encontrará el profesional en CUIDA que no encontrará en otros eventos?

Encontrará una mirada transversal e integral. CUIDA no se limita a lo sanitario o a lo asistencial, sino que aborda el cuidado de las personas mayores desde múltiples dimensiones: social, comunitaria, tecnológica y humana. Además, hemos puesto mucho énfasis en la conexión entre profesionales, generando espacios para el intercambio real, no solo para escuchar ponencias.

¿Qué papel tiene el Comité Científico en evitar que CUIDA sea “una feria más” y, sobre todo, en que sea una feria de largo recorrido?

El Comité Científico aporta diversidad de miradas, a la vez que garantiza el rigor y la relevancia de los contenidos. Su función es filtrar tendencias, identificar buenas prácticas y asegurar que lo que se presenta tiene impacto real en el día a día. También ayuda a construir una visión estratégica a largo plazo, para que CUIDA evolucione con el sector y no se quede en una propuesta puntual. Queremos que esta sea la primera edición de muchas más que vendrán a posteriori.

Si tuviera que elegir solo tres actividades de CUIDA para recomendar a los visitantes, ¿cuáles serían y por qué?

Pues voy a “barrer para casa” y voy a mencionar tres de las que he propuesto que me parecen realmente interesantes. La primera tendría que ver con un debate con investigadoras y consultoras sobre cómo abordar la soledad no deseada en las residencias, en los centros de día, en los hospitales, en definitiva en entornos institucionales y también en los domicilios. La segunda propuesta tiene que ver con la presentación de un potente programa formativo que llevamos a cabo para una importante entidad durante dos años y medio seguidos, que ha sido muy pionero tanto en duración como en la diversidad y transversalidad de los perfiles de los participantes. Y finalmente, el debate ético sobre la robótica al servicio de las personas con ponentes de reconocidísimo prestigio.

Buena parte de su trabajo se concentra en promover el envejecimiento activo. ¿Cuál es la clave de ese “envejecimiento activo”?

La clave está en entender a la persona mayor como un sujeto activo, con capacidad de decisión y de contribución social. No se trata solo de abordar la salud física de la persona mayor, sino de promover su participación social, su autonomía y acompañarla en la búsqueda de su propósito vital a través de actividades significativas. El envejecimiento activo es, en esencia, acompañar a las personas mayores en su proceso biológico garantizando que no se vulneren sus derechos por el solo hecho de ser mayores y por ende, combatir el edadismo, la infantilización y el paternalismo que a menudo vemos en el ámbito de los cuidados.

¿Qué discurso actual sobre los mayores le parece más alejado de la realidad?

El que los presenta como un colectivo homogéneo y como un colectivo dependiente. La realidad es mucho más diversa: hay personas mayores activas, comprometidas y con un enorme potencial. Simplificar esa realidad es, bajo mi punto de vista, un error que condiciona negativamente tanto las políticas públicas como los servicios y recursos dirigidos a las personas mayores

Ante un nuevo panorama, con un aumento exponencial de los mayores, más, de más edad y con más necesidades de cuidados… ¿Cómo debemos cambiar? ¿Cómo ha de reformularse el sector de los cuidados?

Hace muchos años que se viene hablando de “tsunami demográfico” y a pesar de ello, seguimos con un modelo de atención y de cuidados eminentemente reactivo y excesivamente burocratizado cuando debería ser mucho más ágil, más preventivo y con un enfoque eminentemente más comunitario. Este otro modelo requiere invertir mucho más en políticas y recursos que fomenten la autonomía personal, las redes de apoyo y los entornos amigables con las personas mayores. Por otro lado, el sistema de cuidados debería ser más flexible, mucho más personalizado y más centrado en la persona y en sus necesidades, y no tanto en la “estructura”.

En este entorno, ¿qué papel debe tener la innovación y la tecnología?

Pues creo que la tecnología debe ser básicamente una herramienta al servicio de las personas, no un fin en sí mismo. La tecnología puede mejorar la calidad de vida de las personas, puede facilitar la atención y permite optimizar recursos, pero siempre debe diseñarse y adaptarse a las necesidades reales de las personas atendidas, y esto no siempre es así. La clave, bajo mi punto de vista, está en combinar convenientemente la innovación tecnológica con la innovación social. En CUIDA veremos algunos buenos ejemplos que no os podéis perder.

Hablemos de las personas, de los cuidadores. ¿Qué se puede hacer para atraer a más profesionales a este sector?

Es fundamental y urgente dignificar el sector: mejorando sus condiciones laborales, ofreciéndoles formación continuada y reconociendo socialmente su valor. En mi opinión, también hemos de generar itinerarios profesionales atractivos, así como ayudar desde distintas instancias a visibilizar el impacto positivo y necesario que tiene este trabajo en la sociedad. Deberíamos tener muy presente algo que en su momento dijo Gandhi: que “la verdadera grandeza de una comunidad se mide por su capacidad de proteger y cuidar a quienes más lo necesitan”. Si queremos mejorar nuestra sociedad, hemos de cuidar mejor a quienes cuidan, pero de verdad.

¿Cómo debería ser el “cuidador” del futuro?

Debería ser un profesional formado no solo a nivel de competencias técnicas, sinó también en otras competencias, tan necesarias en este sector como son la empatía, la compasión, la comunicación y la capacidad de adaptarse al uso de la tecnología, todo ello, sin perder el foco en la persona a la que cuida y acompaña en su proyecto vital.

Para finalizar, según su punto de vista, en el proceso final de vida de las personas, ¿qué aspectos considera que son los más importantes a tener en cuenta?

Sobre cómo abordar el proceso de final de vida recomiendo la guía de buenas prácticas sobre “pacificación” del final de vida impulsada por la Fundación Mémora y la Cátedra ETHOS-URL, que dirige el filósofo Francesc Torralba y a quién también tendremos el privilegio de poder escuchar en CUIDA. En esta publicación, dirigida tanto a profesionales, como a familiares y también a personas cuidadoras en general, podemos encontrar herramientas que nos ayuden a dar respuesta a esta pregunta. Los expertos nos proponen que para garantizar una atención verdaderamente centrada en la persona y también en el proceso de final de vida, hemos de tener en cuenta no solo las necesidades físicas, sino también los valores, las creencias y los vínculos afectivos. Así pues, lo más importante sería promover una atención humanizada y holística mediante cuidados tanto físicos como emocionales, sociales y espirituales para ayudar a lograr una muerte serena y digna, reduciendo el sufrimiento y la angustia, evitando la soledad no deseada y garantizando el bienestar del paciente y de su entorno familiar.